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Cuando Santo Domingo se encontraba en Roma para tener la aprobación de su Orden naciente, recibió como respuesta que debía tomar una regla ya existente. Habiendo sido canónigo en Osma bajo la regla de San Agustín, no le resultó difícil volver a hacer referencia a esta regla. Así, los frailes y las monjas de la misma Orden seguirían hasta hoy este mismo origen monástico particular. Esta regla refleja bien las aspiraciones de su autor, San Agustín.
Al principio de la regla, como fundamento de todo, escribió: En efecto, durante mucho tiempo Agustín había buscado una vida de oraciones y estudios. Agustín había descubierto el Dios de Jesucristo, el Dios-Caridad. De donde quizá su amor por la vida en común donde "la caridad se conserva ante todo". En efecto, "la caridad fue tan recomendada por Cristo y los apóstoles que, si falta, todo está vacío; si existe, todo está lleno". Quizá es también su preocupación de la caridad que le hace dar una orientación particular a la autoridad en su regla. En efecto, entre el superior o la superiora y los frailes o hermanas no existe ninguna relación de maestro / discípulo como en la regla de San Benedicto o en la regla más antigua del Maestro. La relación de los frailes o hermanas con respecto a sus superiores o superioras se basa esencialmente en una vida fraternal a la escucha de la palabra de Dios y en tensión hacia Él. Así, con frecuencia se encuentra citado de la pluma de Agustín este pasaje de las Actas de los Apóstoles (cap. 4:32): "La multitud de los que habían creído no tenía más que un corazón y un alma. Nadie decía que era suyo lo que le pertenecía, sino que todo era común entre ellos". |
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